El 4 de noviembre, paso lo que tanto temía, mis bebés dejaron de estar con nosotros, pesé a todos los intentos no logramos ese milagro que buscábamos y se fueron, está es la segunda vez que me pasa, en el primer intento sólo llegamos a 25 días pero no se lograron, como no alcanzamos ni la primera cita nos indican que quizás lo más probable es que no se implantaron bien y por eso pues no llegamos ni al mes.
En esta ocasión era diferente, ya teníamos 20 semanas, pero no fue suficiente, desde el inicio estuvimos con complicaciones pero seguimos luchando, al mes aproximadamente, tuve un sangrando, fue ligero, nos dijeron que fue un desprendimiento de placenta, por lo que me mandaron a reposo absoluto, en la siguiente consulta me dijeron que tenía hematomas en la placenta, pero no había mucho que hacer sólo seguir con el reposo y me mandaron unos medicamentos, para el tercer mes nos dijeron que ya habían desaparecido los hematomas pero la placenta aún no subía por lo que aún había riesgo de aborto, tenía que seguir en reposo absoluto, para el cuarto mes el doctor nos dijo que ya todo estaba bien, la placenta ya había subido y no había tanto riesgo, pero nos dijo que que hasta los 5 meses no podíamos asegurar nada, sobre todo porque eran gemelos y siempre eran de mas cuidado.
En la semana 18 fui a revisión y resulta que mi cérvix estaba abierto, lo que nuevamente amenazaba con un aborto, nos dieron la opción de hacer algo que se llama cerclaje, que es básicamente coserte el cérvix para cerrarlo, sin embargo, como ya estaba abierto las posibilidades de que mi embarazo finalizara en tiempo eran muy pocas, de hecho la idea era llegar al menos a los 7 meses para asegurar la viabilidad de los bebés, decidimos someterme a la operación pero mi cérvix estaba tan abierto que aunque si lograron coserme, un punto se reventó al día siguiente y el doctor sólo nos dio un 40% de posibilidades, nos dijo que podíamos inducir el parto, o seguir como estábamos y esperar a que por si solo se indujera o por milagro llegáramos a los 7 meses, decidimos arriesgarnos, pero lamentablemente no llegamos, el 4 de noviembre apenas habían cumplido las 20 semanas, empecé con contracciones, me iban a poner un medicamento en supositorio para detenerlas pero al momento de manipularme para ponerlo se reventó mi fuente, ya no había nada que hacer, sólo dejar que la labor de parto siguiera.
Voy a hacer un pequeño paréntesis para decirles a todas las mujeres que han pasado por parto que las admiro, mis bebés eran muy pequeñitos y las contracciones que sentí fueron horribles, no quiero imaginar como es en un parto con un bebé de tiempo, yo siempre me había jactado de tener un umbral de dolor alto, pero este sentir estaba en otro nivel, verdaderamente sentía que moría porque no sólo era el dolor en el vientre si no que mi espalda sentía que se me partía en dos, cuando me pusieron la epidural (la anestesia), sentí también dolor, mientras me la ponían, pero me alivió bastante las contracciones.
Regresando a mi tema, obviamente mis bebés nacieron, eran un niño y una niña, Ángeles, que era quien menos peligro corría aparentemente fue la que ya no aguanto y a la que se le reventó su bolsa, fue la primera en salir, y Santiago aunque aun no quería salir tuvimos que inducirlo, pues me dijo el doctor que era imposible que se quedará por la exposición a las bacterias, podríamos contraer alguna infección y agravarnos, por lo que la mejor opción era que él también naciera, odio esta palabra, nacer, porque para mi nacer es vida, en este caso no fue así, ellos eran muy pequeñitos y no estaban lo suficientemente formados para que pudieran luchar por sus vidas, los tuve unos minutos conmigo, nunca olvidare sus cuerpecitos calientes y sus pequeños intentos por respirar pero no pudieron lograrlo.
Ahora tengo un vacío en mi cuerpo y alma, ya no tengo a mis bebés en mi pancita pero tampoco están físicamente conmigo, eso me hace sentir miserable, no sé como afrontarlo ni siquiera sé si pueda confrontarlo, hoy día no puedo, no tengo fuerzas ni físicas ni espirituales para hacerlo.
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