Todos los días revisaba mi correo
esperando la respuesta, la famosa respuesta de la junta, sin embargo, el día
que llego yo no lo vi, la resolución del DIF llegó un jueves, viéndolo ahora,
creo que fue una pequeña intervención divina, porque ese jueves tuve que ir a
ver a los gatos de mi hermano y, además, estaban aquí mis ahijadas, se hizo
tarde, para cuando ellas se fueron yo estaba muy cansada y simplemente no
revisé el correo.
Al día siguiente, el viernes,
estuve ocupada con el trabajo. Pasó el día entero sin que yo supiera que la
respuesta que llevaba tanto tiempo esperando ya estaba ahí, fue hasta la noche,
cuando ya estaba por llegar Mario, que me acordé de que no había revisado el
correo, lo abrí y ahí estaba, un remitente desconocido, pero con las siglas del
DIF después de la arroba.
En ese momento todavía no sabía
lo que iba a encontrar, solamente tenía los nervios de quien por fin va a
conocer una respuesta que llevaba tiempo esperando, fui directamente a buscar
lo que más me importaba: si éramos idóneos o no para continuar con el proceso
de adopción, y entonces lo vi:
No idóneos.
Fue como un balde de agua fría, mi
primera reacción fue: ¿por qué?, así que ahora si me puse a leer todo lo que el
dictamen decía, y ahí estaban los motivos, los leí tratando de entender qué
había pasado, qué habíamos hecho mal y, sobre todo, cómo habíamos llegado hasta
esa conclusión.
En eso estaba cuando llegó Mario,
me encontró llorando y me preguntó qué había pasado, yo simplemente no podía
hablar, tenía ese nudo en la garganta que hace que hasta las palabras más
sencillas se vuelvan imposibles, al final como pude, le dije que nos habían
rechazado, él me abrazó.
Mario no lloró, tampoco es algo
que me sorprenda, él no tiene sentimientos, no es cierto, él procesa las cosas
de una manera mucho más racional que yo; no suele mostrar sus emociones de la
misma forma. Y, curiosamente, eso también sería uno de los puntos que más
adelante aparecerían en nuestra evaluación: que él no muestra sus sentimientos.
En ese momento solamente podía
pensar en una cosa: ¿cómo podía ser que nos dijeran que no éramos idóneos para
ser padres?, entiendo que la adopción no se trata solamente de los adultos que
quieren convertirse en padres. Hay niños de por medio, niños que ya han pasado
por situaciones muy difíciles y cuyo bienestar tiene que estar por encima de
nuestro deseo de formar una familia, eso lo entiendo,pero entenderlo no hizo
que doliera menos.
Cuando alguien quiere tener un
hijo de manera natural, nadie se sienta frente a esa persona antes de que se
convierta en padre para decirle: “No eres idóneo para ser mamá” o “no eres
idóneo para ser papá”, uno puede convertirse después en un padre terrible, por
supuesto, y entonces sí puede o no haber consecuencias, pero antes de tener ese
hijo, nadie te hace una evaluación para determinar si mereces o no tenerlo, en
la adopción sí.
Y aunque sé por qué tiene que ser
así, recibir ese “no idóneo” se siente, inevitablemente, como si alguien
estuviera diciendo:
No sirves para esto.
Ahora pienso que, si hubiera
abierto ese correo el jueves, probablemente el viernes no me habría levantado
de la cama, habría pasado todo el día llorando como Magdalena, como decía mi
mamá.
En el correo te ofrecen una cita
por si quieres que ahonden en los motivos del porque no fuiste idóneo, así que
decidimos ir, ya que aunque los motivos eran claros en el papel, pensamos que quizás
en persona podríamos obtener una mejor reflexión al respecto y resolver unas
dudas puntuales, pero fue ahí donde empecé a descubrir que la historia era un
poco más complicada.
Había cosas que sí podía
reconocer, había aspectos personales, tanto míos como de Mario, en los que
probablemente teníamos que trabajar. No me cuesta aceptar eso. Al contrario: si
hay cosas que necesitamos mejorar para poder ser mejores padres, prefiero
saberlo y trabajar en ellas, por ejemplo, uno de los puntos señalados era que
Mario no muestra sus sentimientos, y sí, es verdad, Mario es una persona muy
racional, no suele expresar sus emociones de la misma manera que yo, si recibe
una noticia fuerte, probablemente no va a reaccionar llorando, la va a
analizar, va a buscar qué hacer y va a procesarla desde otro lugar.
Pero que alguien no llore no
significa necesariamente que no sienta, de hecho, tanto mi psicólogo como la
psicóloga con la que empezamos a trabajar después coincidieron en algo que para
mí era bastante evidente: existen diferentes maneras de relacionarse
emocionalmente con los demás. Una persona puede no ser expresiva emocionalmente
y, aun así, encontrar otras formas de acompañar, escuchar y conectar con un
niño.
El problema no era que nos
señalaran que había algo que trabajar, el problema era que sentíamos que
algunas de las conclusiones del informe no correspondían con lo que realmente
habíamos dicho o con la manera en que vivíamos nuestra relación, y ahí apareció
mi coraje.
Porque mientras hablábamos con
ellos, empezamos a descubrir varias inconsistencias, por ejemplo, uno de los
puntos señalaba que todavía teníamos ilusión por tener un hijo biológico, ¿De
dónde había salido eso?, Nosotros nunca dijimos que estuviéramos intentando
tener un hijo biológico ni que ese fuera nuestro objetivo, de hecho, la
adopción era algo que yo había querido desde mucho antes de saber que no podría
tener hijos de manera natural.
Lo que había ocurrido fue una
conversación que, en retrospectiva, me parece increíble que terminara
convertida en una conclusión de ese tipo, durante la entrevista nos preguntaron
varias veces qué pasaría si yo quedara embarazada, la primera vez respondimos
que no era posible. Ya habíamos hablado con nuestros médicos y sabíamos que no
podíamos tener un embarazo de manera natural, pero la pregunta volvió a
aparecer: “¿Y qué pasaría si te embarazaras?”, Nosotros respondimos algo
bastante sencillo: si ocurriera, hablaríamos con el médico, si existiera la
posibilidad de llevar el embarazo a término, lo llevaríamos, y si médicamente
no fuera posible, tendríamos que tomar las decisiones correspondientes, incluso
recurrir a un aborto, pero de alguna manera, esa respuesta terminó
interpretándose como que todavía teníamos la ilusión de tener un hijo
biológico.
Porque una cosa es que alguien
interprete nuestras palabras de una manera que nosotros no compartimos y otra
es que esa interpretación termine formando parte de las razones por las que nos
consideran no idóneos.
Después de todo esto, también
descubrimos que el proceso había tenido sus propios problemas, la persona de
trabajo social que nos entrevistó ya no estaba, tampoco estaba el psicólogo que
había participado en nuestra evaluación. De hecho, hubo dos psicólogos porque
el primero había renunciado y, en algún momento, nuestro expediente se perdió,
así que tuvimos que volver a entregar toda la documentación.
Con todo eso, era difícil no
preguntarnos cuánto de lo que aparecía en el dictamen realmente correspondía a
nosotros y cuánto había sido resultado de interpretaciones, cambios de personas
y un proceso que, por diferentes circunstancias, no había sido precisamente
sencillo, y aquí quiero hacer una aclaración, porque no quiero que esta
historia se convierta simplemente en “el DIF se equivocó y nosotros tenemos la
razón”, no pienso eso.
Hay cosas que nos señalaron que
sí creo que debemos trabajar. Hay aspectos de nosotros como pareja y como
personas que podemos mejorar, y si vamos a intentar convertirnos en padres por
medio de la adopción, me parece importante tomarlos en serio, mi problema no es
que nos hayan dicho que no, mi problema es sentir que, además de esos puntos
que sí podían ser motivo suficiente para detener el proceso, se añadieron otras
conclusiones con las que no nos identificamos y que sentimos que fueron
utilizadas para completar una explicación que no necesariamente correspondía
con lo que nosotros habíamos dicho.
Y entonces tuvimos que decidir
qué hacer con todo eso, quedarnos con el NO, era una opción que jamás paso por
nuestra mente, ya habías dicho que si nos decían que no, íbamos a volver a
intentarlo, empezamos a buscar más información y, preguntando en un grupo de
Facebook sobre adopción, encontramos una institución llamada Adoptaris, allí comenzamos
a trabajar con una psicóloga especializada en adopción.
Apenas llevamos una sesión, pero
desde esa primera conversación tuve una sensación muy clara: quizá esto era
algo que nos habría ayudado muchísimo antes de comenzar nuestro primer proceso,
no porque hubiéramos hecho todo mal, simplemente porque descubrimos que
sabíamos mucho menos de lo que creíamos, y es que, al menos desde mi
experiencia, encontrar información clara sobre cómo funciona realmente la
adopción en México no es tan sencillo, por eso mi idea de este blog.
La mayoría de las ideas que uno
tiene vienen de lo que ha visto en películas, series o incluso en las noticias,
y la adopción real no funciona como en las películas.
-No llegas a un lugar, ves a
varios niños y dices: “Quiero a ese”.
-No eres tú quien elige al niño.
De acuerdo con lo que hemos
empezado a aprender, el proceso busca determinar qué familia puede responder
mejor a las necesidades de un niño determinado, tomando en cuenta sus
características, su historia y también las condiciones y capacidades de quienes
quieren adoptar, y eso es solamente una de las muchas cosas que estamos
descubriendo.
Por eso decidí seguir escribiendo
sobre esto, quizá hoy este blog no tenga lectores. Quizá durante mucho tiempo
nadie llegue hasta aquí. Pero quiero dejar constancia de lo que vayamos
aprendiendo, porque tal vez algún día alguien que esté comenzando este camino
encuentre estas páginas.
Quizá llegue alguien que, como
nosotros, no sabía por dónde empezar o alguien que ya haya recibido un rechazo
y esté sintiendo que todo terminó, no sé si mi experiencia será útil para
alguien más, no sé siquiera cómo va a terminar nuestra propia historia, pero sí
sé que esto no terminó con aquel “no idóneo”. Ahora empieza otra etapa.
Una en la que tenemos mucho que
aprender, algunas cosas que trabajar y, sobre todo, un camino que todavía no
sabemos exactamente a dónde nos va a llevar.
Y quiero contarlo.