martes, 18 de agosto de 2026

El día que leí "no idóneo"

Todos los días revisaba mi correo esperando la respuesta, la famosa respuesta de la junta, sin embargo, el día que llego yo no lo vi, la resolución del DIF llegó un jueves, viéndolo ahora, creo que fue una pequeña intervención divina, porque ese jueves tuve que ir a ver a los gatos de mi hermano y, además, estaban aquí mis ahijadas, se hizo tarde, para cuando ellas se fueron yo estaba muy cansada y simplemente no revisé el correo.

 Al día siguiente, el viernes, estuve ocupada con el trabajo. Pasó el día entero sin que yo supiera que la respuesta que llevaba tanto tiempo esperando ya estaba ahí, fue hasta la noche, cuando ya estaba por llegar Mario, que me acordé de que no había revisado el correo, lo abrí y ahí estaba, un remitente desconocido, pero con las siglas del DIF después de la arroba.

 En ese momento todavía no sabía lo que iba a encontrar, solamente tenía los nervios de quien por fin va a conocer una respuesta que llevaba tiempo esperando, fui directamente a buscar lo que más me importaba: si éramos idóneos o no para continuar con el proceso de adopción, y entonces lo vi:

 No idóneos.

 Fue como un balde de agua fría, mi primera reacción fue: ¿por qué?, así que ahora si me puse a leer todo lo que el dictamen decía, y ahí estaban los motivos, los leí tratando de entender qué había pasado, qué habíamos hecho mal y, sobre todo, cómo habíamos llegado hasta esa conclusión.

 En eso estaba cuando llegó Mario, me encontró llorando y me preguntó qué había pasado, yo simplemente no podía hablar, tenía ese nudo en la garganta que hace que hasta las palabras más sencillas se vuelvan imposibles, al final como pude, le dije que nos habían rechazado, él me abrazó.

 Mario no lloró, tampoco es algo que me sorprenda, él no tiene sentimientos, no es cierto, él procesa las cosas de una manera mucho más racional que yo; no suele mostrar sus emociones de la misma forma. Y, curiosamente, eso también sería uno de los puntos que más adelante aparecerían en nuestra evaluación: que él no muestra sus sentimientos.

 En ese momento solamente podía pensar en una cosa: ¿cómo podía ser que nos dijeran que no éramos idóneos para ser padres?, entiendo que la adopción no se trata solamente de los adultos que quieren convertirse en padres. Hay niños de por medio, niños que ya han pasado por situaciones muy difíciles y cuyo bienestar tiene que estar por encima de nuestro deseo de formar una familia, eso lo entiendo,pero entenderlo no hizo que doliera menos.

 Cuando alguien quiere tener un hijo de manera natural, nadie se sienta frente a esa persona antes de que se convierta en padre para decirle: “No eres idóneo para ser mamá” o “no eres idóneo para ser papá”, uno puede convertirse después en un padre terrible, por supuesto, y entonces sí puede o no haber consecuencias, pero antes de tener ese hijo, nadie te hace una evaluación para determinar si mereces o no tenerlo, en la adopción sí.

 Y aunque sé por qué tiene que ser así, recibir ese “no idóneo” se siente, inevitablemente, como si alguien estuviera diciendo:

 No sirves para esto.

 Ahora pienso que, si hubiera abierto ese correo el jueves, probablemente el viernes no me habría levantado de la cama, habría pasado todo el día llorando como Magdalena, como decía mi mamá.

 En el correo te ofrecen una cita por si quieres que ahonden en los motivos del porque no fuiste idóneo, así que decidimos ir, ya que aunque los motivos eran claros en el papel, pensamos que quizás en persona podríamos obtener una mejor reflexión al respecto y resolver unas dudas puntuales, pero fue ahí donde empecé a descubrir que la historia era un poco más complicada.

 Había cosas que sí podía reconocer, había aspectos personales, tanto míos como de Mario, en los que probablemente teníamos que trabajar. No me cuesta aceptar eso. Al contrario: si hay cosas que necesitamos mejorar para poder ser mejores padres, prefiero saberlo y trabajar en ellas, por ejemplo, uno de los puntos señalados era que Mario no muestra sus sentimientos, y sí, es verdad, Mario es una persona muy racional, no suele expresar sus emociones de la misma manera que yo, si recibe una noticia fuerte, probablemente no va a reaccionar llorando, la va a analizar, va a buscar qué hacer y va a procesarla desde otro lugar.

 Pero que alguien no llore no significa necesariamente que no sienta, de hecho, tanto mi psicólogo como la psicóloga con la que empezamos a trabajar después coincidieron en algo que para mí era bastante evidente: existen diferentes maneras de relacionarse emocionalmente con los demás. Una persona puede no ser expresiva emocionalmente y, aun así, encontrar otras formas de acompañar, escuchar y conectar con un niño.

 El problema no era que nos señalaran que había algo que trabajar, el problema era que sentíamos que algunas de las conclusiones del informe no correspondían con lo que realmente habíamos dicho o con la manera en que vivíamos nuestra relación, y ahí apareció mi coraje.

 Porque mientras hablábamos con ellos, empezamos a descubrir varias inconsistencias, por ejemplo, uno de los puntos señalaba que todavía teníamos ilusión por tener un hijo biológico, ¿De dónde había salido eso?, Nosotros nunca dijimos que estuviéramos intentando tener un hijo biológico ni que ese fuera nuestro objetivo, de hecho, la adopción era algo que yo había querido desde mucho antes de saber que no podría tener hijos de manera natural.

 Lo que había ocurrido fue una conversación que, en retrospectiva, me parece increíble que terminara convertida en una conclusión de ese tipo, durante la entrevista nos preguntaron varias veces qué pasaría si yo quedara embarazada, la primera vez respondimos que no era posible. Ya habíamos hablado con nuestros médicos y sabíamos que no podíamos tener un embarazo de manera natural, pero la pregunta volvió a aparecer: “¿Y qué pasaría si te embarazaras?”, Nosotros respondimos algo bastante sencillo: si ocurriera, hablaríamos con el médico, si existiera la posibilidad de llevar el embarazo a término, lo llevaríamos, y si médicamente no fuera posible, tendríamos que tomar las decisiones correspondientes, incluso recurrir a un aborto, pero de alguna manera, esa respuesta terminó interpretándose como que todavía teníamos la ilusión de tener un hijo biológico.

 Porque una cosa es que alguien interprete nuestras palabras de una manera que nosotros no compartimos y otra es que esa interpretación termine formando parte de las razones por las que nos consideran no idóneos.

 Después de todo esto, también descubrimos que el proceso había tenido sus propios problemas, la persona de trabajo social que nos entrevistó ya no estaba, tampoco estaba el psicólogo que había participado en nuestra evaluación. De hecho, hubo dos psicólogos porque el primero había renunciado y, en algún momento, nuestro expediente se perdió, así que tuvimos que volver a entregar toda la documentación.

 Con todo eso, era difícil no preguntarnos cuánto de lo que aparecía en el dictamen realmente correspondía a nosotros y cuánto había sido resultado de interpretaciones, cambios de personas y un proceso que, por diferentes circunstancias, no había sido precisamente sencillo, y aquí quiero hacer una aclaración, porque no quiero que esta historia se convierta simplemente en “el DIF se equivocó y nosotros tenemos la razón”, no pienso eso.

 Hay cosas que nos señalaron que sí creo que debemos trabajar. Hay aspectos de nosotros como pareja y como personas que podemos mejorar, y si vamos a intentar convertirnos en padres por medio de la adopción, me parece importante tomarlos en serio, mi problema no es que nos hayan dicho que no, mi problema es sentir que, además de esos puntos que sí podían ser motivo suficiente para detener el proceso, se añadieron otras conclusiones con las que no nos identificamos y que sentimos que fueron utilizadas para completar una explicación que no necesariamente correspondía con lo que nosotros habíamos dicho.

 Y entonces tuvimos que decidir qué hacer con todo eso, quedarnos con el NO, era una opción que jamás paso por nuestra mente, ya habías dicho que si nos decían que no, íbamos a volver a intentarlo, empezamos a buscar más información y, preguntando en un grupo de Facebook sobre adopción, encontramos una institución llamada Adoptaris, allí comenzamos a trabajar con una psicóloga especializada en adopción.

 Apenas llevamos una sesión, pero desde esa primera conversación tuve una sensación muy clara: quizá esto era algo que nos habría ayudado muchísimo antes de comenzar nuestro primer proceso, no porque hubiéramos hecho todo mal, simplemente porque descubrimos que sabíamos mucho menos de lo que creíamos, y es que, al menos desde mi experiencia, encontrar información clara sobre cómo funciona realmente la adopción en México no es tan sencillo, por eso mi idea de este blog.

 La mayoría de las ideas que uno tiene vienen de lo que ha visto en películas, series o incluso en las noticias, y la adopción real no funciona como en las películas.

-No llegas a un lugar, ves a varios niños y dices: “Quiero a ese”.

-No eres tú quien elige al niño.

 De acuerdo con lo que hemos empezado a aprender, el proceso busca determinar qué familia puede responder mejor a las necesidades de un niño determinado, tomando en cuenta sus características, su historia y también las condiciones y capacidades de quienes quieren adoptar, y eso es solamente una de las muchas cosas que estamos descubriendo.

 Por eso decidí seguir escribiendo sobre esto, quizá hoy este blog no tenga lectores. Quizá durante mucho tiempo nadie llegue hasta aquí. Pero quiero dejar constancia de lo que vayamos aprendiendo, porque tal vez algún día alguien que esté comenzando este camino encuentre estas páginas.

 Quizá llegue alguien que, como nosotros, no sabía por dónde empezar o alguien que ya haya recibido un rechazo y esté sintiendo que todo terminó, no sé si mi experiencia será útil para alguien más, no sé siquiera cómo va a terminar nuestra propia historia, pero sí sé que esto no terminó con aquel “no idóneo”. Ahora empieza otra etapa.

 Una en la que tenemos mucho que aprender, algunas cosas que trabajar y, sobre todo, un camino que todavía no sabemos exactamente a dónde nos va a llevar.

Y quiero contarlo.

 

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